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Se ha ampliado el período de cuarentena 15 días más. Cuando termine esta fase de aislamiento en nuestras casas habrá pasado un mes desde que vivíamos en la normalidad. Entonces lo normal era correr de aquí para allá día tras día, llevar años viviendo en edificios en los que no conocíamos ni saludábamos apenas a los vecinos. Cantar, expresar gratitud, emocionarse públicamente, interesarse por los demás eran lujos superfluos y podían considerarse incluso una debilidad. Simplemente, no teníamos tiempo. En este momento, en el que el tiempo es algo que para la mayoría pasa muy despacio, podemos por fin dedicar algunos instantes a la reflexión.

Resulta inevitable, en medio de una situación tan excepcional, en la que todo se ha vuelto inestable y parece que ya no hay suelo firme bajo nuestros pies, no hacerse preguntas. Esas preguntas que evitamos normalmente porque resultan incómodas, nos inquietan, o nos hacen pensar. Tenemos muchas maneras a nuestro alcance para evitar plantearnos las cuestiones que verdaderamente importan: Miro compulsivamente la tele porque así no tengo que pensar, me cuelgo del móvil, la tablet o el ordenador porque ponen a mi alcance un mundo de relaciones y diversión que, en ningún caso se acerca ni de lejos al verdadero contacto humano, como muy bien estamos comprobando en estos días en que suspiramos por abrazar a un amigo, estrechar la mano o dar dos besos para saludar. Todos esos gestos que creíamos seguros y a los que a menudo no dábamos ninguna importancia y que ahora… ahora nos parecen un lujo, la verdadera riqueza que nos hace ser humanos.

Muchas cuestiones en el aire. La invitación que hacemos desde aquí es que cuando esto termine, que terminará, no olvidemos lo que hemos vivido. Aprende el sabio. Las lecciones son la ganancia, el impagable beneficio que nos hace evolucionar y crecer. El necio se obstina en repetir los mismos errores del pasado, lo fía todo a su sólo beneficio, al interés egoísta que le impide ver que todos somos interdependientes. Todos estamos conectados, no hay soluciones parciales al cambio climático o al coronavirus. Ignorar al mundo y sus problemas ya no es posible. En este momento de nuestra historia la humanidad tiene por delante la tarea de aprender a convivir con todos los hombres y mujeres, con el resto de seres vivos, con nuestro planeta… Y esta es una de las lecciones que este maestro tan duro y exigente, el Covid19, nos ha traído ¿Seremos capaces de aprenderla?

 

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